Opinión - Un llamado como católico a la conciencia cristiana en tiempos de decisión
Como hombre de fe, padre de familia y con la convicción de la Doctrina Social de la Iglesia Católica, sé lo importante que es comunicar con claridad y esperanza, especialmente en estos tiempos que nos acercan a nuevas decisiones.
Nuestra filosofía cristiana no es ajena a la justicia, a la promoción de la vida y a la búsqueda incansable de la paz; son posturas sociales que tienen su centro en Cristo, solidario con la humanidad.
La Iglesia, somos nosotros. Y nuestra fidelidad al testimonio y enseñanza de amor de Jesús por su Padre nos convocan hoy más que nunca a tomar conciencia de sus palabras, encontrando en la Doctrina Social de la Iglesia, inaugurada por el Papa León XIII en su encíclica Rerum Novarum (1891), la base para que, como pueblo católico, abracemos y demos a conocer estas enseñanzas sobre las cuestiones sociales que aun en este siglo XXI nos apremian.
Con la celebración de Pentecostés aún resonando en nuestros corazones, pidamos al Espíritu Santo que suscite en nosotros, un discernimiento valeroso que nos permita desentrañar los errores y vicios de tantas corrientes filosóficas y políticas. Aquellas que, bajo la apariencia de bien y clamando por justicia, terminan por desvirtuarse en una venganza social inmisericorde. Y, tristemente, muchas que, aunque proclamen la paz, se convierten en un obstáculo para la misma.
Hermanos, fieles al Evangelio, son tiempos en los que no debemos callar. Es momento de reagruparnos, de organizarnos en formación, tal como nos enseñan esas hermosas aves del cielo que vemos volar unidas hacia un mismo horizonte. Ese horizonte es la esperanza cristiana que nos brinda consuelo y alegría, sin importar cuán duras y antagónicas se presenten las circunstancias personales, sociales, históricas y políticas.
La tarea es grande, pero la fe que nos mueve es mayor. En este año que precede a decisiones importantes para nuestra sociedad doliente, recordemos que la justicia, la defensa de la vida desde su concepción hasta su fin natural, y la preservación de la paz social son pilares irrenunciables para construir el bien común.
¡Que el Espíritu Santo nos ilumine y fortalezca para ser verdaderos constructores del Reino aquí en la tierra!
Por Mauricio Andrés Salazar Ocampo.
