Miércoles, 13 Mayo 2026 08:53

Opinión - La siderúrgica electoral en Colombia en la elección presidencial (2026 - 2030)

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Sin duda está candente el ambiente electoral, a menos de 30 días de la primera vuelta de elección presidencial. Es imposible abstraerse de dicho clima y tensión, sea que andes como ciudadano desprevenido y solitario o pertenezcas a alguna agrupación, asociación o colectividad.

Ante cierta fatiga o estrés electoral que podamos padecer por la intensidad de las confrontaciones del último año, no me quedó más remedio que explicarme de algún modo el panorama y salir vivo en el intento. Mi alma en afugia, recurrió a los fragmentos de recuerdos de una experiencia en los inicios de mi vida profesional en el campo de la prevención de riesgos y salud laboral: fue una emergencia en una siderúrgica de la localidad de Tocancipá, en Cundinamarca.

Acompañé a un grupo de contratistas electrónicos de la ciudad de Cali que se unieron a los contingentes de personal que tuvieron que hacer frente a dicha emergencia, provocada por el rompimiento de varias calderas que conducían acero fundido a altas temperaturas. Cuando arribamos a la planta procesadora de acero, al interior la escena era infernal: calor extremo, oscuridad profusa, presencia continua de bruma de humo asfixiante que reducía la visibilidad, golpes de sonido estridente y ensordecedor, sensación de inseguridad permanente y vértigo al andar, escombros de estructuras metálicas incandescentes y retorcidas, sórdidos rostros encapsulados en caretas full face con filtros respiradores auxiliares, chispazos ocasionales y explosiones controladas de algunos circuitos que aún no alcanzaban a neutralizarse; en fin, era el último lugar en la historia en el que quisieras estar, un sitio inhabitable, irrespirable.

Esto es la siderúrgica electoral en mi Colombia, una planta productora en emergencia, frente a la elección de gobierno (2026 – 2030). La industria social de mi nación arde ante las opciones de candidatos presidenciales, en un sistema electoral aún existente. ¿Por qué las cuestiones de gobierno habrían de dividirnos mortalmente?

En la división mortal, nos amenaza verdaderamente como león rugiente, encendido y hambriento en busca de su presa (1 Pedro 5:8-9): la polarización manipulada, el odio visceral, la violencia cruenta y la intolerancia verbal, entre otros fenómenos de violación a la dignidad de la persona humana. ¿Frente a tanta destrucción, qué molde hará falta para convertir este “fuego” en materia útil?

Solo ante tal panorama, la comunión solidaria de liderazgos confluyentes es el crisol que podría contener todo este fuego electoral, como la capacidad de permanecer unidos a pesar de pensar distinto, evitando que el material de la pasión política se disperse, sino canalizándolo, en el respeto por las diferencias y la dignidad fundamental de la persona humana.

La vida como fuente y don -

Concebimos la vida, de modo trascendente, porque la vida es como ¨el Padre que permanece en mí, y él mismo hace las obras¨ (Juan 14, 7 – 14); así la vida lleva en sí la potencia de su misma realización y el despliegue de su plenitud. En nuestra postura social cristiana católica, la protección de la fuente y corriente de la vida; en todas las etapas de su desarrollo, es un principio de la fraternidad social para prodigar su cuidado, en las condiciones que posibiliten su disfrute y goce pleno. La fraternidad solidaria abre la posibilidad a un escenario futuro, para hacer de este fuego destructor, un momento de fragor electoral sano, que haga posible criterios y elecciones para moldear una sociedad deseable: moral, técnica y políticamente.

La verdad se discierne –

Definitivamente en las cuestiones de la elección de gobierno, el discernimiento es arma necesaria en el esclarecimiento de ese algo que ansiamos, denominado: verdad. En esta forja electoral deberán templarse las posturas, sin caer en la rigidez inflexible de un fanatismo ciego de las convicciones; y decantar las diversas y contradictorias opiniones en el enfriamiento reflexivo y cierto. Rugir en la defensa de la verdad que se esclarece, ante la amenaza y denuncia del engaño tramposo, la mentira indignante y el error pusilánime.

El camino como cauce -

El camino para que la corriente de la vida alcance su fin trascendente, es un cauce de principios, valores y cultura, con los que garantizamos un ordenamiento sociopolítico, jurídico e institucional para la protección de la vida, que posibilite su goce y plenitud, en el reconocimiento de la multiplicidad de proyectos sociales y humanos. (San Juan Pablo II, Numeral 42 de la Exhortación apostólica postsinodal Christifideles Laici, 1988).

De algún modo como nación, en los últimos casi 60 años, hemos hecho un camino de forja ¨de instituciones o reglas de juego sólidas, de consolidación de un Estado moderno y de avances en los ideales de justicia social e igualdad ante el derecho; en antagonismo con el clientelismo, la corrupción, el conflicto armado y sobre todo el narcotráfico¨ (del prólogo de Alejandro Gaviria al libro Decidí contarlo, de Guillermo Perry, 2019).

Este camino podría ordenarse en tres momentos: el primer período de unos 30 años, que iría de 1968 a 1996 (del denominado Frente Nacional a la Asamblea Nacional Constituyente). El segundo período, de 1996 al año 2018 (de la Asamblea Nacional Constituyente al acuerdo de paz del Estado colombiano con las FARC). Y el tercero, de los últimos 7 años a la actualidad (del post acuerdo de paz con las FARC a la post pandemia del COVID 19).

Siguiendo a Alejandro Gaviria, se destacan en estos tres momentos de la forja institucional de Colombia, tres aspectos característicos: Según (Robinson, 2012) en el primer período en mención (1968-1996) el ejercicio del poder en Colombia se ha caracterizado por un acuerdo pragmático entre ciertos grupos de interés, lo cual tuvo un choque tectónico con la emergencia de la Asamblea Nacional Constituyente en el año 1991, que convocó formalmente a múltiples sectores que no tenían hasta ese momento expresión significativa en el panorama nacional y regional. Hoy ante la más de una docena de duplas de candidatos a la presidencia de la República, de distintas vertientes sociales e ideológicas, se confirma esta tendencia a una mayor democratización de la sociedad colombiana.

En el seno de dicha Asamblea Constituyente (1991) las reformas de aspectos económicos, fueron resultado, más de un consenso ideológico, que de la puja pragmática de grupos de interés. Finalmente, siguiendo a (Roth, en la Pastoral Americana, de 1997) resulta asombroso en Colombia, que ante dichos tiempos de transiciones, cambios y rupturas, su institucionalidad ha sobrevivido y prevalecido.

Ante la actual siderúrgica electoral al rojo vivo en Colombia, podríamos asustarnos ante las chispas y el calor del debate y las campañas electorales; consumirnos en la fatiga, el cansancio, el escepticismo y la insensibilidad. Sin embargo, también puede ser el momento de la emergencia de una fraternidad o solidaridad transformante del acero candente, en rutas de forja de una convivencia de diálogo constructivo y de unas estructuras participativas y de desarrollo sólido para el país.

Es el momento de una escucha activa, y del ejercicio responsable, democrático y republicano de veedurías y vocerías ciudadanas de la multiplicidad de sectores sociales aún vivos y emergentes, que canalicen sus diferencias y controversias hacia un voto consciente como sello de calidad que funda el metal de los muros del odio y de la violencia, en puentes de encuentro para el acuerdo y la concordia.

En nuestra fe cristiana e Iglesia Católica, hoy se erige la vocería de un Señor, que grita en el desierto (Juan 1, 23) y que se nos ofrece a los creyentes, como león, valiente y noble, cuyo seguimiento nos da camino, verdad y vida. (Juan 14, 1 – 6). ¡Seguidlo!

Por Mauricio Andrés Salazar Ocampo.

http://maurosalazar.com/

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