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Opinión - Sagrado en el papel, profano en la práctica
El fin de semana pasado, el último de junio de 2026, estuve en la sección de urgencias pediátricas en una entidad de salud de Pereira, Colombia.
Y quedé consternado junto con mi esposa, al escuchar de la enfermera encargada “el área de ginecología es una carnicería”...
Los colombianos y nuestra humanidad actual está llena de incoherencias que cuestan comprender. Precisamente este, 9 de julio, conmemoramos el día de la Virgen de Chiquinquirá, una fecha que en Colombia se ha querido elevar a rango de fiesta nacional y cuyo descanso disfrutaremos el próximo lunes 13. Es contrastante ver cómo en Pereira y en todo el territorio nos esmeramos por proyectar la imagen de una sociedad unida por la fe, protectora de los principios morales y devota de lo sagrado. Pero, cuando uno se aparta de las celebraciones y camina por la realidad del día a día, se evidencia que esa piedad es una fachada de una profunda y dolorosa doble moral. A nivel internacional, por un lado se dice no al aborto y por el otro se aprueban bombardeos y discriminación cultural, surgen movimientos por la vida de los ecosistemas marinos, la defensa de las tortugas, la Amazonía, pero aniquilamos nuestra propia especie en los quirofanos.
De acuerdo a la sentencia C-055 de Febrero de 2022 y a las causales de la Sentencia C-355 de 2006, de la legislación colombiana, la misma Virgen María que hoy veneramos, hubiera sido una candidata ideal para el aborto; pero es el ejemplo más puro de lo que significa abrazar la vida en condiciones de extrema vulnerabilidad. En una sociedad extremadamente machista, en la que vivió, quedó expuesta al juicio público y al riesgo real de ser apedreada por no tener un esposo, María no eligió la salida que hoy muchos promueven. Ella apostó por la vida, convirtiéndose en el modelo de valentía que tantas madres han seguido a lo largo de la historia. Gracias a mujeres que, como ella, dijeron "sí" a pesar de la adversidad, el mundo ha podido conocer a seres maravillosos que marcaron la historia: como Ludwig van Beethoven, nacido de una madre enferma y en la pobreza extrema; Andrea Bocelli, cuyos médicos sugirieron a su madre abortarlo porque nacería con una grave enfermedad visual; o el célebre motivador contemporáneo Nick Vujicic, quien nació con el síndrome de tetraamalia (sin extremidades) y cuya vida demuestra que la dignidad humana no depende de las capacidades físicas. ¿Cuántos Beethovens, Bocellis o Vujicics estamos silenciando hoy en las salas de cirugía bajo el pretexto del "bienestar y la salud"?
Lamentablemente, esa sensibilidad por el milagro de la vida parece estarse perdiendo en nuestras propias instituciones locales. Hace apenas ocho días, mientras acompañaba a mi hijo a urgencias pediátricas en una entidad de salud en nuestra ciudad de Pereira, presencié una escena que me impactó.
Ingresó una jóven en su último mes de embarazo. Ella se veía de muy buen semblante y en todos sus cabales, y expresó su deseo de practicarse el aborto (elegantemente dicho “interrupción voluntaria del embarazo”) sin el minimo apice de duda de obtener lo que deseaba.
Al quedar consternado junto con mi esposa, entablamos conversación con la enfermera a cargo de pediatría. No podíamos creer que en una entidad de salud, dónde florece la vida, se presten para exterminarla sin el mínimo escrúpulo o cargo de conciencia. Fue así como escuchamos el testimonio de esta enfermera, quien nos desnudó la realidad respecto al área de ginecología, donde no solo se asesinan los bebés en el último mes de gestación, sino que se induce a las personas a abortar. Porque cada caso se puede acomodar a lo que la ley en nuestro país, permite. Y terminó expresando: “el área de ginecología es una carnicería, por eso no me gusta”.
Como ejemplo nos comentó, el caso de una niña de doce años que llegó embarazada, acompañada por el papá del bebé, un niño de trece años. Y lo que debió ser un espacio de acogida, de apoyo psicosocial integral para dos menores en una situación tan compleja, se convirtió en un frío protocolo de inducción. Aunque ambos manifestaban con total inocencia y firmeza su deseo de tener a su hijo, el personal de salud se enfocó en sugerir, presionar y facilitar los caminos para el aborto.
Es una paradoja incomprensible. Para tantas causas sociales y políticas nos unimos, completamos las firmas necesarias y salimos a las calles a exigir derechos; pero ante la matanza silenciosa de los niños en el vientre materno, nos hemos quedado prácticamente de brazos cruzados o hemos demostrado alto grado de ineptitud para lograr el propósito de defender la vida, o definitivamente la doble moral nos ha superado.
Sé que la solución va más allá de la simple prohibición, que de hecho no es el camino. Y que además, nuestro sistema de salud, se está ahorrando miles de millones de pesos, en educación y prevención del embarazo en niñas y adolescentes, además de lo que se ahorra el estado en programas para acoger “niños no deseados”. Porque es mucho más barato acabar con la flor, que cuidarla, abonarla y comprometerse con ella para que viva. Y cómo estamos en la cultura del mercado, la economía y la comodidad, surgen leyes como la Sentencia C-055 de febrero del 2022, que permite el aborto libre hasta la semana 24 de gestación (cinco meses y medio de desarrollo), y la Sentencia C-355 de 2006, que permite “maquillar” bajo el concepto de "salud mental" abortos (asesinatos) de bebes hasta el 9no mes de gestación.
El daño de esta cultura del descarte no es una teoría; ya lo están viviendo en carne propia los países europeos. Naciones como España e Italia atraviesan hoy un doloroso "invierno demográfico", donde sus tasas de natalidad han caído a niveles históricos (1,16 y 1,20 hijos por mujer, respectivamente). Sus sociedades se están quedando sin relevo generacional, al punto de que países como Finlandia tienen que pagar subsidios de hasta 11.000 dólares por cada niño nacido para evitar la quiebra de su sistema, y potencias enteras dependen hoy de pagar y abrir las puertas a migrantes para que vayan a poblar y trabajar en sus territorios vacíos. Es el reflejo de un continente que se está envejeciendo y apagando desde las entrañas*.
No podemos permitir que ese sea el futuro de nuestra región y de nuestro país. Más que promover la muerte en los quirófanos, lo que Colombia necesita con urgencia son leyes y políticas públicas que abracen la vida a través de la cultura, la educación y el deporte. Necesitamos brindarle oportunidades reales a esa juventud, herramientas para que nuestros niños y adolescentes tengan proyectos de vida dignos y el apoyo necesario para que ninguna madre se sienta sola o acorralada.
Como sociedad civil, y especialmente desde nuestra identidad pereirana, de acogedores, las puertas deben permanecer abiertas para la solidaridad y la caridad verdadera, no para el descarte. Es hora de levantar la voz y actuar con coherencia: que la defensa de la vida deje de ser un decreto en el papel y se transforme en un compromiso humano y real que proteja a los más desfavorecidos y vulnerables, desde el primer instante de su existencia en el vientre materno.
Por Luis M.
Referencias del precio de acabar con la vida:
* https://www.cambio16.com/migracion-salva-a-espana-del-desplome-demografico-de-europa/
Tonificar gluteos: Ejercitate desde tu casa
Un éxcelente instructor te mostrará paso a paso diferentes ejercicios, Ahora no tendrás excusa para no hacer ejercicio.
