Sábado, 21 Febrero 2026 10:09

Opinión - Eligiendo el rumbo para la victoria en las próximas elecciones: cristianos católicos condenados a la esperanza

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(… en memoria del Papa Benedicto XVI, quien, eclesialmente, me abrió la puerta de la fe …)

El mar de la historia, es también el rumbo del corazón humano; no es un estanque, es un escenario convulso, de tensiones, corrientes de injusticia y vientos de cambio. En el pasaje evangélico de Marcos (6, 30 – 34) encontramos a Jesús con el grupo de sus discípulos en los trajines de su misión, comunitaria y pública de proclamar la buena noticia de dignidad y trascendencia humana, y ciertamente se iban a retirar a un lugar apartado a descansar; sin embargo, la multitud, literalmente los persiguió y se ponía delante de ellos.

Entonces Jesús sintió compasión por ese gentío, al cual nos parecemos hoy en el año 2026, ante la urgente necesidad de rumbo que tenemos como nación, descubriéndonos como ovejas sin pastor, en la próxima contienda electoral en Colombia. En el curso de la vida de cada uno, podríamos pensar en el justo descanso tras una extenuante jornada; sin embargo, en el camino de Jesús no es así, más bien ante la necesidad urgente de rumbo de un gentío de la nación que concurrirá a una pronta contienda electoral en mi país; él se moviliza, se compadece y se pone a ¨enseñarnos muchas cosas¨.

Como cristianos católicos, nos resistimos a hacer de la fe un escondite para ignorar la tempestad; más bien nos lanzamos al arte de una praxis sociopolítica por una ruta distinta: las Bienaventuranzas de Jesús de Nazareth. Así se constituye el programa educativo de las Bienaventuranzas de Jesús, en el Sermón de la montaña, como un compromiso por el que optamos como seguidores de su camino, para que la fuerza liberadora y novedosa de su buena noticia, le dé plenitud de cambio a este mundo.

El pasaje de Mateo (5, 1 - 12 a) nos describe muy bien el actuar de Jesús ante el gentío, al ponerse en una parte alta y empezar a enseñarles las 8 Bienaventuranzas. ¿Cuál es este programa educativo de Jesús, para un gentío electoral, que en última instancia no vota meramente por personas (aunque ellas son quienes encarnan pensamientos, ideologías y sistemas) sino por la elección de rumbo de un pueblo y nación?

Las Bienaventuranzas para la nación, como conglomerado de diversidad de intereses y de múltiples universos sociales, motivan e inspiran algunas claves de convergencia y pautas de encuentro y coincidencia:

  • Desde la pobreza de espíritu (entendida no como falta de carácter, sino como humildad), brota la soberanía de una dignidad humana innegociable e incorruptible.
  • Desde el hambre y sed de justicia, se hace posible la actitud recta y la voluntad férrea de la defensa, protección, asistencia y promoción de los más pobres y vulnerables.
  • Desde la fuerza de la mansedumbre, el lanzamiento de una política de la misericordia para la acogida y la escucha activa, mediante procesos reconciliatorios de perdón social, efectiva rehabilitación humana y compasión por el adversario.
  • Y desde la limpieza de corazón y de las manos laboriosas de paz, ser un horizonte entretejido de praxis y de esperanza, que encarna bienes trascendentes en el aquí y ahora, en medio de las situaciones más contradictorias y lamentables de nuestra realidad cotidiana.

En el pasaje de Lucas (10, 1 – 9) vemos al grupo de Jesús prosiguiendo con su campaña; por pueblos, caseríos, calles, cruces de caminos, proclamando y enseñando que: ¨el reino de Dios ha llegado (…)¨. Los vemos encarnando, haciendo suya, movilizándose, poniéndose en camino para hacer realidad dicha consigna, que, desde cierta mirada distraída, puede parecer extremadamente etérea, romántica, utópica, idealista, retirada, aislada y lejana en un futuro fantástico e irrealizable que nunca llegará.

Adicionalmente Jesús no les oculta que dicho obrar será extenuante, y muchísimas veces ingrato y aparentemente infértil, sin embargo, les da la dignísima categoría de obreros, con unas funciones y responsabilidades, de bien comunitario y paz social, clarísimas; donde la primera gran victoria de soberanía de dicho reino, es la dádiva generosa y justa que cada uno va haciendo de sí mismo, en la entrega diaria y personal, en el anonimato y entrega cotidiana en el buen oficio de promoción del más pobre, vulnerable, marginado, del que no encaja, ni luce, del enajenado, del poco o para nada exitoso, los que al parecer van en contravía de un mundo cultural de progresismo, hedonismo, culto extremo al cuerpo, de superfluos gestos aromáticos de pretendida autorrealización y magnanimidad humana vanidosa, de mirada cebosa que obstruye la posibilidad de encarar las propias inequidades de un egoísmo autocomplaciente de ¨likes¨ y ¨seguidores¨.

Seguramente el reino de Dios ha llegado, pero no nos percatamos de ello, más bien creemos furibundos lo contrario, que el adversario de Dios ya ha vencido y debemos doblegarnos; nos gana el miedo, la desidia, el escándalo y el cansancio; sucumbimos o caemos en el campo de batalla incluso antes de empezar el combate e incluso nos rendimos antes de empuñar las armas, dadas por la fe y nuestros antepasados, y que yacen casi oxidadas junto a nosotros, en las posibilidades que perdemos en el diario vivir de enarbolar en un grito jubiloso y unánime de ¡Bienaventuranza!:

¨Aquí estamos, desprovistos de mucho y carentes fervorosos, pero sedientos y hambrientos de justicia con los dientes rotos; con manos obreras exigidas, muchas veces raídas por la opresión de la tarea diaria y necesaria, siendo cristos en la paciencia, que engendra la verdadera perfección humana, probada en la inmolación personal, muchas veces, para hacer posible la paz y la concordia en nuestros entornos, con nuestros más próximos; pues más que de una política estatal idolatrada, la justicia social brilla y se desata en la dádiva y generosidad del gesto humano reconciliado consigo y con el hermano, y no bajo el decreto impuesto y vociferado¨.

Vivir las elecciones al Congreso y a las consultas a la Presidencia, en clave de Bienaventuranzas, es superar la aparente encrucijada del escepticismo y el abstencionismo. Como pueblo cristiano católico nuestra condena es la esperanza: la urgencia de elegir una senda jubilosa; más allá de la elección de personas, partidos políticos o movimientos significativos de ciudadanos, participemos por las vías legítimamente institucionales, para elegir un rumbo que nos permita afirmar, siempre, con coherencia de vida que: ¨el reino de Dios ha llegado a nosotros¨, llevando siempre a la victoria, ahora más que nunca necesaria, el programa y criterio sociopolítico, de las Bienaventuranzas.


Por: Mauricio Andrés Salazar Ocampo.

http://maurosalazar.com/

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